LA RESACA DEL PODER

El Poder, con mayúscula, es espuma... Sus relatos también son espuma. Después de la batida espumosa, en una playa, queda la impronta que genera la resaca, que es la verdad de la espuma, lo que se oculta...

La impronta del poder es su relato oculto. Y eso es lo que aquí nos interesa.

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lunes, 20 de marzo de 2017

LA POSVERDAD OS HARÁ CREER SER LIBRES

Enlace Periódico Aragón 16.3.2017



Quid est veritas? Se interrogaba Pilatos ante un Jesús que se proclamaba “testimonio de la verdad”. Y eso nos preguntamos hoy todos, porque la verdad no está de moda, parece ser. La posmodernidad puso en la picota a la Ilustración y llevó a la guillotina a los grandes relatos (que encerraban una verdad de pretensiones universales). Como antes le pasó a la intelligentsia con Dios (a Nietzsche gracias) ahora se pensaban los pensantes que se habían quitado ese pesado fardo de certidumbre y/o fe. Pero la ausencia de la verdad todavía fue más dura que el mutis de la divinidad. La Revolución francesa había quitado la estatua de Nôtre-Dame en la homónima catedral parisina para sustituirla por la de la Razón y, de esta manera, nos quedamos para el futuro sin Virgen ni diosa. Vamos, que nos dejaron en la intemperie, huérfanos de Madres Nutricias. Así pues, no era de extrañar que se sucedieran las invasiones de bárbaros; primero los sansculottes –que eran los “populistas robesperrianos” de entonces-, luego los librepensadores y finalmente arribaron los filósofos posmodernos, que dejaron los prados ideológicos como el caballo de Atila dejó los herbáceos. Esa estampida del último cuarto del siglo XX ha ido deconstruyendo todas las certidumbres, pero ese vacío se ha ido llenando de tópicos, estupideces, superchería y toneladas de banalidad. La academia y las élites intelectuales han arrasado con dioses y mitos, pero un pueblo llano que odia a esos señoritos cerebrales se aferra a las creencias más superfluas e inconsistentes: su equipo de fútbol, la Virgen de su pueblo, los ritos ancestrales, el fandom de lo más variado o los improvisados héroes de la tele o las redes sociales (youtubers, influencers, etc.). ¿Los humanos podemos vivir sin fes ni verdades? se preguntaría hoy Pilatos mientras se volvía a lavar las manos.

Cualquiera le respondería que ya nadie cree en la política ni en los políticos tradicionales, pero no es menos cierto que esa desafección está siendo rentabilizada por los charlatanes de feria que han alcanzado incluso la silla imperial; quizá esto ha acaecido porque los que se proclaman políticos profesionales habían sucumbido a un discurso sin significado ni destinatario claros. ¿La antipolítica significa que estamos ante el grado cero de la ideología? Lyotard proclamó la muerte de esos “relatos pretenciosos” y en ese cementerio dialéctico impera ahora una “no ideología única” que no se presenta con la apariencia de tal. El Mercado es la única certeza porque es como un Gran Hermano multiforme y multicamuflado que inocula la Única Verdad: “tanto cuestas tanto vales”. En su Reino, que sí es de este mundo, los ricos son más ricos y los pobres más pobres, aunque estos eligen a aquellos para que los intenten sacar de la miseria cada vez más globalizada. Vivimos tiempos de paradojas, de lo nunca visto (“ojalá vivas tiempos interesantes”, reza una vieja maldición china); muchos agoreros se atreven incluso a establecer paralelismos con los años más oscuros del periodo de entreguerras: ojo que de los escombros de las creencias brotaron los autoritarismos. Hoy día todo está en cuestión, ya nadie cree en la filosofía, pocos creen en la ciencia, menos en las ideologías… Estamos en un gran poblado globalizado del Far West en el que los maestros, los sabios, los sacerdotes y los políticos son apaleados y se jalea a los vendedores de crecepelo. La verdad se ha extraviado. No la encontraréis en la prensa, que se ha desvelado como otra plataforma para contar historias más o menos manipuladas (como Netflix o Movistar), buscadla en las redes sociales, porque allí al menos recalan las verdades de siete cabezas que agitan las masas (el quinto poder). La verdad ya no hace a nadie libre porque se ha enlatado y se vende en los supermercados. La verdad es acuchillada cada idus de marzo por los nuevos sofistas y nominalistas de la neolengua dominante. Si alguien intenta revivirla se encuentra con la policía o con los “hechos alternativos” (la última arma de destrucción semántica patentada por la Maquiavela del Emperador). Nada es lo que parece y nada parece lo que es. En esta ceremonia de la confusión hacen su agosto los trileros. Porque al poder, con mayúscula, le siguen interesando los malabares, porque al Poder le beneficia la confusión para que nadie decodifique su algoritmo, que es más simple de lo que quieren hacernos creer.


La Verdad y el Poder nunca fueron compañeros posibles, que se lo pregunten a Pilatos, o a Botín, o a Felipe González o a César Alierta. Pero eso poco importa en la “era de la posverdad” donde los hechos irrefutables, contrastables, demostrables se han convertido en simples “hechos alternativos” que se pueden moldear a gusto, como la plastilina, como el chicle sabor a banana en la boca del emperador de América. Un emperador tan ignorante como el pueblo embrutecido por el Mercado que gobierna a golpe de una verdad –la suya- que cabe en ciento cuarenta caracteres repartidos Urbi (léase Whasington, Roma ya es solo un parque temático) et Orbe. Así pues, si Pilatos estuviera al lado del nuevo emperador no le susurraría al oído, como en la vieja Roma, aquello de “Recuerda que eres mortal”, sino esto otro –más acorde con el personaje Trump-: “Recuerda, la posverdad les hará creer que son libres”. Y en esas estamos.






viernes, 9 de septiembre de 2016

¡ERA EL IMAGINARIO, AMIGOS!

                                             Enlace artículo Periódico de Aragón 28.7.2016


Tras los comicios del 26-J amanece un panorama gravísimo desde el punto de vista de la salud democrática. Un partido acreditado –judicialmente incluso- como una mafia sustentante de corrupción sistémica, avalista de recortes y de menguas en derechos y libertades, el partido del déficit disparado y del saqueo de la bolsa de las pensiones.... Todo ello ha sido avalado por una minoría mayoritaria creciente (más en los lugares donde la corrupción ha sido más intensa). Es triste e indecente a la vez, pero no podemos caer en la interminable queja o en razonamientos simplones.

Hay varias razones, además de las más evidentes que ya han sido resaltadas por políticos y medios de comunicación, que pueden explicar este ¿sorprendente? resultado. La primera la anticipaba en mi último artículo con significativo título, “Es el imaginario, estúpido”. En el pulso de imaginarios, ha ganado el propiciado por el neoliberalismo: el voluntarismo de mantenerse en la clase media en medio de la tormenta. Más que voluntarismo es un espantajo, pues los estudios sociológicos ya demuestran hasta qué punto esa medianía social es cada vez más menguante por efectos de una crisis provocada por los mismos que dicen gobernar para esa mitificada clase en tanto benefician a los oligarcas. Pero la gente a la hora de votar no hace análisis científicos, se guía más bien por percepciones o corazonadas, si bien muy inducidas por los medios de persuasión, no seamos ingenuos. Pues bien, en el citado pulso han estado más finos los de la derecha: por algo presumen de conocer mejor a una naturaleza humana regida por el miedo y el deseo en continua interacción. Han contado, además, con mejores asesores electorales, con profesionales de primera línea bregados en las campañas de Obama o Cameron. Ante el poderío consultor de la Agencia Messina palidecen los gabinetes de aficionados universitarios, por mucho que sean guiados por un coco como Errejón. No es lo mismo teorizar en las aulas y en los papers académicos que bajar a la rugosa arena de la praxis mercadotécnica (Doctores tiene la Iglesia…). El caso del PSOE es distinto, porque no hay gabinete de expertos que pueda bregar con unas contradicciones internas que los condenan a un descenso continuado de apoyos. Mientras tanto desde Génova los expertos yanquis llamados por Moragas han ido conquistando perfiles de Facebook, cuentas de Twitter para demostrar al ritmo de reguetón que el PP mola, que ya ha pagado por la corrupción en la anterior cita electoral y que ahora toca a rebato para defender los adosados y los Audi 4 que los bolivarianos nos quieren quitar…

Unidos Podemos se ha estrellado con la entelequia de que el cambio estaba ya aquí. Ciertamente el terremoto podemita había producido una falla por la que se querían colar los vientos del cambio hasta cuartear del todo un régimen del 78 que ya iba presentando no pocas grietas. Pero la intensidad del sismo morado ha ido demasiado lejos en la escala de confortabilidad de la gente, a la que no le gusta que le muevan el suelo. Muchos ciudadanos de orden han salido a defender propiedades y seguridades económicas, a la vez que el inmodélico régimen de la Transición y el amarre a la Europa mercantil, mucho más tras el inesperado Brexit. Este perfil de elector cuando huele tormenta apuesta por una marca segura, aunque tenga más mierda que el palo de un gaviotero. Así pues mientras la gente de ley y orden salía de sus guaridas para apoyar el vergonzante vuelo de la gaviota pringosa, el electorado de izquierda se cruzaba de brazos. La izquierda siempre ha sido más exigente e idealista a la hora de depositar el voto, aunque posiblemente sus electores no siempre sean tan rigurosos y científicos como algunos los pintan. Son, en cualquier caso, mucho más sensibles a la ética y suelen ir más allá del pragmatismo claudicante de la derecha… Entre este colectivo unos no han votado porque sus cabezas de lista se habían presentado como socialdemócratas, otros porque había comunistas entre los candidatos, otros porque me cae mal Pablo Iglesias o porque no supieron negociar… y así hasta 1.100.000 sufragios que han puesto la alfombra roja a Rajoy.

No obstante, tras la euforia genovesa (con tanto soy español, español… de los “patriotas peperos” se corre el riesgo de hacer la ecuación español=corrupto) llega el día después de los números precarios y de la soledad del corredor soberbio que despreció a todos en anteriores maratones. La papeleta final la vuelve a tener un PSOE que se negó a un gobierno de progreso vetado por su ejecutiva pero, según ellos, malogrado por un quítame allá unos sillones de cal viva… ¡Ah el PSOE!, que se debate entre el socialiberalismo avalado por el Ibex 35 y las señas de identidad perdidas de la socialdemocracia, entre el federalismo y el soy español andaluz español. ¿Qué saldrá de ese cacao ideológico y de sus fratricidas guerras de egos “varoniles”? Posiblemente una coartada para salvar el régimen del 78, ese estiércol tan nutritivo para sus rosas.

En las pasadas elecciones ha habido mucha infra y sobrevaloración. Infravaloraron algunos el sentido pragmático de un pueblo que durante cuarenta años vivió con la indecencia de mirar hacia otro lado bajo una dictadura miserable y sanguinaria; infravaloraron la permeabilidad que siguen teniendo los imaginarios neoliberales alentados desde unos medios de persuasión que ya se sabe de qué bando están. Sobrevaloraron el concepto de pueblo activado y su compromiso con las urnas. España no es tan idílica como se apelaba en los mítines de UP ni tan miserable como pretende el cuñadismo de izquierdas. Hay más de un 21 % de ciudadanos y 71 escaños que apuestan por una alternativa ilusionante desde la izquierda transformadora, algo insólito en una Europa que responde ante la crisis con populismos fascistas. El reto está ahí y España es la punta de lanza para que se muevan las necrosadas placas tectónicas del Viejo Continente, pero los procesos ideológicos, como los telúricos, requieren de tiempo y paciencia. Entre tanto, gracias al travestismo indefinido del PSOE, una gaviota tocada del ala volverá a enseñorearse de nuestros cielos, y ya se sabe cómo actúan las aves carroñeras…


lunes, 20 de junio de 2016

¡ES EL IMAGINARIO, ESTÚPIDO!

                                                    Enlace


Jeremy Rifkin proclama que estamos en la “era del acceso”. ¿Qué significa eso? Pues que cuando nos venden una moto lo importante no es la cilindrada, la maniobrabilidad, su seguridad o sistema de frenado, lo verdaderamente relevante es la sensación de libertad, el poderío, la conquista del espacio que se transmite en los spots de la marca. Eso mismo ocurre a la hora de “vendernos la moto” de una marca política. Y aquí entra en juego el imaginario. Decía Nietzsche que los conceptos son metáforas impuestas por el uso y el dominio, aceptadas como verdad y realidad de las cosas mismas, cuyo origen ficcional se ha olvidado y reprimido. La mayoría de los antropólogos contemporáneos defiende que la cultura consiste exclusivamente en entidades ideacionales o mentales compartidas y transmitidas socialmente. Los expertos en comunicación política lo saben y juegan con nosotros en este campo ideacional que en adelante llamaremos imaginario.

Desde finales de la década de 1970 el imaginario neoliberal se ha venido imponiendo, desplazando a los imaginarios de la izquierda vinculados al estado de bienestar; Margaret Thatcher, Reagan, Juan Pablo II, la escuela de Chicago o Milton Friedman hicieron mucho por ello. La Dama de hierro, hija de un tendero, quiso demostrar que cualquiera podía ascender en la escala de un abierto ecosistema social regido por la libertad de mercado; este era para los neoliberales el talismán que lo solucionaba todo y fue calando en la gente pregonado por poderosos grupos de comunicación comprometidos con esos “marcos mentales”. Con la caída del muro de Berlín en 1989, los mandarines de un capitalismo cada vez más globalizado decidieron que ya estaba bien de ceder terreno –ganancias y derechos- a la clase trabajadora –incluso el concepto cayó en desuso- ya desvertebrada porque, además, ya no había un coco rojo al otro lado del demolido telón de acero. Pero esto no se debía imponer a la fuerza (eso se dejaba para Chile, Nicaragua o Panamá), sino convenciendo, seduciendo… y ahí entra en juego una vez más el imaginario.

Thatcher lo entendió muy bien: había que convencer a todos los ciudadanos de que eran o podían ser clase media, pequeños propietarios dueños de su destino. La liberalización del mercado promovía grandes beneficios a bancos y empresas al tiempo que propiciaba una legión de propietarios hipotecados hasta las cejas, ligados por tanto al sistema. En España, por el retraso histórico que deparó el franquismo, consumimos en la prolongada égida de Felipe González (1982-1996) el proceso de welfare state –en Europa había durado tres décadas con resultados más contundentes- y el encauzamiento neoliberal que propiciaron sobre todo los últimos gobiernos socialistas (¿recuerdan la cultura del pelotazo?). Así pues González fue a la vez Wilson, Willy Brand o Palme –iconos de la socialdemocracia- y Margaret Thatcher; en esta contradicción filipina o felipista se consume un PSOE más desorientado que nunca, como la socialdemocracia europea en general, aunque sus cuadros dirigentes han optado por alinearse/alienarse con el orden neoliberal (miren cómo votan en el parlamento europeo, su dependencia de los poderes económicos o su posicionamiento ante el TTIP).

Así pues, Felipe fue el mago que alejó al partido del marxismo e hizo posible que los asalariados dejaran de sentirse clase trabajadora y engrosar la clase media. El hijo del obrero extremeño que se asentó en Alcorcón en los sesenta es ahora encargado de una sucursal reprográfica de esa ciudad (gana 1.500 euros al mes), donde se ha hipotecado con un adosado -parcelita de jardín incluida- y ahora vota al PP junto a tantos otros asalariados que no quieren sentirse andrajosos proletarios. Ese milagro se debe a Aznar, quien profundizó en la senda free market de Felipe hasta hacernos pensar que todos podíamos ser ricos. El tiempo ha demostrado que esa lotería solo tocaba a quienes ahora desfilan por esos juzgados que ahora revelan cómo detrás de esa cantinela de exaltación de la clase media había una estrategia de corrupción sistémica para provecho de las oligarquías y de los sinvergüenzas. Sin embargo, mucha gente sigue entonando esa canción liberal…, el imaginario parece más fuerte que la podredumbre. A ello contribuyen en buena medida unos medios de comunicación (de manipulación dice Vincenç Navarro) capitalizados por bancos y grandes empresas que ya se pueden imaginar qué mensajes están dispuestos a difundir…

Así pues hasta el próximo 26J se librará un implacable combate de imaginarios. El PP se ubica claramente en el neoliberal, aunque con guiños al conservadurismo tardofranquista nacionalcatólico para mantener a la extrema derecha; en el bando opuesto la coalición Unidos Podemos, que postula una alternativa al ordoliberalismo apelando al rescate ciudadano, pretendiendo recuperar el espacio de la socialdemocracia tradicional, su estado de bienestar y las libertadas mermadas por la contrarreforma de Rajoy. En medio queda el PSOE, que sufre las contradicciones de otros partidos socialdemócratas escorados hacia el socialiberalismo; como la gente ya percibe a Unidos Podemos en la izquierda, mucho más tras la coalición con IU, Pedro Sánchez apela al centro –la derrotada tesis errejoniana en Podemos le ha dejado expedito este sector-; aunque ante determinadas audiencias agite su color rojo cada vez más desvaído, el PSOE reclama claramente a las clases medias, mejor dicho a su imaginario si tenemos en cuenta que ese sector social está muy en retroceso tras la crisis. También a ella recurre Ciudadanos, como queda reflejado en su simplista vídeo de campaña, desarrollado en un bar poblado de esforzados españoles –trabajadores y pequeños empresarios- que sostienen al país, creen a los políticos humildes (Rivera) y desprecian a aquellos vagos/borrachines con coleta; esa gente esforzada es para el imaginario de C’s quien hizo posible el milagro de la Transición y quien propiciará ese “cambio tranquilo” que predica el nuevo Adolfo Suárez 3.0. alentado por ese mismo Ibex 35 que dejó tirado al final al primer presidente democrático.

El fuego cruzado de mensajes, descalificaciones, pantomimas, debates, sermones… se impondrá en el paisaje mediático español hasta el 26J, también se hablará de medidas programáticas estrella, de telegenia, de Venezuela y de casi todo para no revelar nada; pero recuerden que, parafraseando al célebre jefe de la campaña de Clinton (“es la economía, estúpido”), en realidad se interpela al imaginario. La clave para votar con inteligencia está en acompasar la realidad social del votante con los marcos mentales que de verdad la defienden. Y entonces se preguntarán ¿cómo puede ganar el PP en un país de mayoría de asalariados o pequeños autónomos?, pues por eso, el imaginario…   

    





lunes, 16 de mayo de 2016

EL IMPERIO CONTRAATACA

Miré los muros de la patria mía,/ si un tiempo fuertes ya desmoronados/ de la carrera de la edad cansados/ por quien caduca ya su valentía. Qué oportuno resulta hoy este desengañado cuarteto de Quevedo. España se desmorona, pero a mí, a diferencia del patriótico poeta, lejos de deprimirme, me genera expectativas, incluso una cierta fruición romántica ante las ruinas invadidas por la hiedra. Quevedo, desde su altozano de la clase dominante, veía autodemolerse el fantasmagórico edificio del Imperio Español, y ahora asistimos al desplome del no menos espectral y mendaz régimen de la Transición. Los próceres forjadores de aquella Edad Dorada de las Hespérides van sucumbiendo, ahogándose en sus miserias. ¿Qué fue del gran artífice del milagro económico español, ahora desenmascarado como evasor, ladrón de guante blanco, pésimo gestor económico en Bankia y el FMI y caradura de buena familia?; qué se hizo de su valedor Aznar, el Cid Campeador que reconquistara una “derecha civilizada” que en realidad es una organización cuasi mafiosa para trincar más o menos legalmente? ¿Dónde acabó la estrella rompedora de Isidoro-esperanzador candidato Felipe-pragmático presidente sino en la puerta giratoria de turno hoy transmutado en bussinessman de alcance global? Si hasta hay ministros transitivos imputados como criminales franquistas (Martín Villa)…

Inclusive nuestros mitos artísticos se desboronan. Vargas Llosa, el Premio Nóbel de porcelanosa, luminaria de la intelligentsia neoliberal, resultó un evasor, como el simpático señorito cantante de la estirpe de Obsborne. Ambos, al menos, han sido consecuentes con su credo free market; pero qué me dicen de Almodóvar, faro de la movida y la transgresión posmoderna -tan útil para desactivar la contestación que se heredó del antifranquismo, por cierto-, ese caballero manchego de la alegre figura que pretendía desfazer los entuertos de la derecha (la guerra, la injusticia, la mordaza), resulta que es otro evasor forrado hasta la Z(P)eja. Si hasta Alcántara, el portaestandarte televisivo del español medio hecho a sí mismo, es otro antihéroe de Panamá. Ya solo falta que a la presentadora Ana Blanco, lo único permanente en la democracia transitiva, le encuentren alguna cuenta offshore…

La monarquía restaurada también tiene vías de agua putrefacta. La hermana y la amante (¡ay perdón!) del rey emérito han sido pilladas con las manos en la masa panameña (Juan Carlos no sabía nada, rasgo de familia), pero también algunos compis de estos nuevos monarcas, tan cristalinos como superpreparados, han metido la mano en las célebres tarjetillas black ante el asombro de la merde plebeya. Por no hablar del cabeza de turco Urdangarín y su descoronada y amnésica esposa a quienes pretendían juzgar unos justicieros de Manos limpias para imponer, decían, la decencia -¿es posible la más mínima decencia desde la derecha extrema?-; y ahora resulta que tienen las palmas más sucias que las de Mario Conde, ese otro modelo de español al que todos aspiraban en las glorias del pelotazo sin saber que él era ante todo otro patriota suizo. 

Todo se desmorona en esta feria de las vanidades, o más bien de los espejismos del inmaculado régimen del 78. Menos mal que nos quedan algunos jueces decentes y ciertos medios no cooptados… El resto, los medios dominantes, se rasgan las vestiduras ante tanta evasión dineraria emergida a la vez que los grupos mediáticos y bancos que los sustentan refrendan ese orden neoliberal propiciador de los paraísos fiscales –por algo el gobierno PP descatalogó a Panamá de tal condición- y de una avaricia que perpetua la desigualdad creciente. En esto les apoya la Comisión Europea, aunque Junker, que convirtió a Luxemburgo en Gran Ducado offshore, se autoproclame de cara a la galería paladín de causa antievasora. Esto es tan creíble como asociar a Europa con la tierra de la solidaridad y de los derechos humanos? También los muros de la patria europea –léase club de intereses económicos- se descalabran entre naufragio y naufragio de refugiados en huida desesperada. 

Pero, no nos engañemos, la culpa de todo la tiene Pablo Iglesias o Errejón, vamos los de Podemos, que nos van a llevar a nuevas elecciones por empecinarse en mantener una misma posición: la del gobierno de progreso ahora avalado por sus bases. El PP no se mueve mientras la mierda le llega a las orejas, Cs se ha llevado al PSOE a su vera (la del IBEX 35) y el PSOE cumple con su papel gatopardiano: jugar a la izquierda posible mientras se alía con la nueva derecha no menos gatopardiana. Pero los villanos son los morados, los antisistema, los bolivarianos…. Y los medios de persuasión e intoxicación –casi todos- se empeñan desde sus potentes altavoces en crear esos marcos mentales en una ciudadanía agotada de tanto baile de máscaras. Ellos ya han fijado los roles: los negociadores, los buenos (Schz y Rivera), los malos (los del coletas), los expectantes (Rajoy) y los “tontos” útiles (Garzón, ese yerno ideal que mermará sufragios podemitas que irán a la basura por obra y gracia de la ley electoral). Y en esas estamos mientras se desmoronan los muros de la patria transitiva, telones espectrales que fueron levantados por estos vampiros patriotas a los que ahora, tras el desplome, se les ven las vergüenzas.              

                                                enlace Periódico de Aragon


lunes, 25 de abril de 2016

EL DESMORONAMIENTO

Miré los muros de la patria mía,/ si un tiempo fuertes ya desmoronados/ de la carrera de la edad cansados/ por quien caduca ya su valentía. Qué oportuno resulta hoy este desengañado cuarteto de Quevedo. España se desmorona, pero a mí, a diferencia del patriótico poeta, lejos de deprimirme, me genera expectativas, incluso una cierta fruición romántica ante las ruinas invadidas por la hiedra. Quevedo, desde su altozano de la clase dominante, veía autodemolerse el fantasmagórico edificio del Imperio Español, y ahora asistimos al desplome del no menos espectral y mendaz régimen de la Transición. Los próceres forjadores de aquella Edad Dorada de las Hespérides van sucumbiendo, ahogándose en sus miserias. ¿Qué fue del gran artífice del milagro económico español, ahora desenmascarado como evasor, ladrón de guante blanco, pésimo gestor económico en Bankia y el FMI y caradura de buena familia?; qué se hizo de su valedor Aznar, el Cid Campeador que reconquistara una “derecha civilizada” que en realidad es una organización cuasi mafiosa para trincar más o menos legalmente? ¿Dónde acabó la estrella rompedora de Isidoro-esperanzador candidato Felipe-pragmático presidente sino en la puerta giratoria de turno hoy transmutado en bussinessman de alcance global? Si hasta hay ministros transitivos imputados como criminales franquistas (Martín Villa)…

Inclusive nuestros mitos artísticos se desboronan. Vargas Llosa, el Premio Nóbel de porcelanosa, luminaria de la intelligentsia neoliberal, resultó un evasor, como el simpático señorito cantante de la estirpe de Obsborne. Ambos, al menos, han sido consecuentes con su credo free market; pero qué me dicen de Almodóvar, faro de la movida y la transgresión posmoderna -tan útil para desactivar la contestación que se heredó del antifranquismo, por cierto-, ese caballero manchego de la alegre figura que pretendía desfazer los entuertos de la derecha (la guerra, la injusticia, la mordaza), resulta que es otro evasor forrado hasta la Z(P)eja. Si hasta Alcántara, el portaestandarte televisivo del español medio hecho a sí mismo, es otro antihéroe de Panamá. Ya solo falta que a la presentadora Ana Blanco, lo único permanente en la democracia transitiva, le encuentren alguna cuenta offshore…

La monarquía restaurada también tiene vías de agua putrefacta. La hermana y la amante (¡ay perdón!) del rey emérito han sido pilladas con las manos en la masa panameña (Juan Carlos no sabía nada, rasgo de familia), pero también algunos compis de estos nuevos monarcas, tan cristalinos como superpreparados, han metido la mano en las célebres tarjetillas black ante el asombro de la merde plebeya. Por no hablar del cabeza de turco Urdangarín y su descoronada y amnésica esposa a quienes pretendían juzgar unos justicieros de Manos limpias para imponer, decían, la decencia -¿es posible la más mínima decencia desde la derecha extrema?-; y ahora resulta que tienen las palmas más sucias que las de Mario Conde, ese otro modelo de español al que todos aspiraban en las glorias del pelotazo sin saber que él era ante todo otro patriota suizo. 

Todo se desmorona en esta feria de las vanidades, o más bien de los espejismos del inmaculado régimen del 78. Menos mal que nos quedan algunos jueces decentes y ciertos medios no cooptados… El resto, los medios dominantes, se rasgan las vestiduras ante tanta evasión dineraria emergida a la vez que los grupos mediáticos y bancos que los sustentan refrendan ese orden neoliberal propiciador de los paraísos fiscales –por algo el gobierno PP descatalogó a Panamá de tal condición- y de una avaricia que perpetua la desigualdad creciente. En esto les apoya la Comisión Europea, aunque Junker, que convirtió a Luxemburgo en Gran Ducado offshore, se autoproclame de cara a la galería paladín de causa antievasora. Esto es tan creíble como asociar a Europa con la tierra de la solidaridad y de los derechos humanos? También los muros de la patria europea –léase club de intereses económicos- se descalabran entre naufragio y naufragio de refugiados en huida desesperada. 

Pero, no nos engañemos, la culpa de todo la tiene Pablo Iglesias o Errejón, vamos los de Podemos, que nos van a llevar a nuevas elecciones por empecinarse en mantener una misma posición: la del gobierno de progreso ahora avalado por sus bases. El PP no se mueve mientras la mierda le llega a las orejas, Cs se ha llevado al PSOE a su vera (la del IBEX 35) y el PSOE cumple con su papel gatopardiano: jugar a la izquierda posible mientras se alía con la nueva derecha no menos gatopardiana. Pero los villanos son los morados, los antisistema, los bolivarianos…. Y los medios de persuasión e intoxicación –casi todos- se empeñan desde sus potentes altavoces en crear esos marcos mentales en una ciudadanía agotada de tanto baile de máscaras. Ellos ya han fijado los roles: los negociadores, los buenos (Schz y Rivera), los malos (los del coletas), los expectantes (Rajoy) y los “tontos” útiles (Garzón, ese yerno ideal que mermará sufragios podemitas que irán a la basura por obra y gracia de la ley electoral). Y en esas estamos mientras se desmoronan los muros de la patria transitiva, telones espectrales que fueron levantados por estos vampiros patriotas a los que ahora, tras el desplome, se les ven las vergüenzas.              

                                                enlace Periódico de Aragon


martes, 8 de marzo de 2016

PSOE, OPORTUNO PALIATIVO DEL ORDEN NEOLIBERAL


¿Se acuerdan de la fábula de la rana y el escorpión? Pues la verdadera condición de la socialdemocracia tiene que ver con su origen. Vayamos a finales de 1917, cuando los frentes de la Gran Guerra estaban estancados y la revolución bolchevique había triunfado en Rusia; eso había propiciado en el ámbito socialista un debate entre quienes querían movilizar internacionalmente a los combatientes para que no participasen en ese conflicto imperialista y los que priorizaban los motivos patrióticos con el ojo puesto en el “peligro comunista”. En Alemania esa dialéctica había tenido como consecuencia la escisión dentro del Partido Socialdemócrata (SPD) que abrió paso a lo que luego sería la Liga Espartaquista, comunistas liderados por Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo. Ambos fueron asesinados durante la insurrección espartaquista de 1919 por los freikorps (paramilitares reclutados entre los excombatientes) con la connivencia del SPD. Los socialdemócratas habían hecho su primera gran aportación al orden capitalista burgués deteniendo a los revolucionarios comunistas y antipatriotas. Esa vocación de paliativo del capitalismo ha definido esta ideología que se ha ido adaptando a las derivas de este orden económico con más o menos fortuna. Sus mayores logros tuvieron lugar sin duda durante el largo periodo de posguerra, donde el laborismo británico de Wilson o las posteriores fórmulas escandinavas fraguaron ese estado de bienestar que se extendió exitosamente por la Europa democrática garantizando unas cotas de desarrollo para la clase trabajadora que nunca se habían conocido; bien es cierto que el miedo al coco soviético propiciaba estas concesiones graciables de los poderosos.

Pero la caída del telón de acero en 1989 refrendó las tesis neoliberales que venían siendo cocinadas por los Chicago boys y hábilmente servidas por Margaret Tacher y Ronald Reagan en el axis mundi del “Occidente libre”. El capitalismo se dejó de concesiones y paliativos para destapar su ADN de avaricia: cuanto más beneficio, mejor, no debe haber límites para el libre mercado. Además (según Tatcher) cualquiera podía convertirse en un empresario; la fiebre del enriquecimiento invadió Occidente y se coló luego por la empobrecida Europa excomunista, aunque para ello hubiera que confiar plenamente en los aprendices de brujo financieros que aconsejaban desregulación, merma de derechos sociales, libérrimo mercado y cornucopia para todos; además, con la derrota de la URSS la Historia había terminado (Fukuyama) y los conflictos de clase también. Los relatos neoliberales se impusieron en el mercado de las ideas quedando la vieja socialdemocracia arrinconada y obsoleta; pero aquí también surgieron nuevos profetas que remozaron las añejas siglas laboristas y socialistas con atuendos neoliberales; así nació el socialiberalismo de la Tercera vía de Tony Blair, también presentado como liberalismo progresista o economía social de mercado… La receta ideal para poner cataplasmas paliativas a los excesos del tardocapitalismo globalizado y lavar la conciencia.

Felipe González desde 1982 tuvo que implementar a marchas forzadas un estado de bienestar casi inexistente en la España posfranquista,  pero enseguida se sumó al socialiberalismo con ministros como Boyer o Solchaga (la era del “pelotazo”). Al mismo tiempo asumía los cauces pactados del régimen del 78 y el desmantelamiento del tejido productivo español impuesto desde Bruselas. Willy Brandt y el SPD confirmaron que ese joven andaluz por el que habían apostado estaba haciendo bien su trabajo de domesticar España; Estados Unidos también se lo agradecería. El tránsito de Isidoro al hombre de negocios defensor de la Gran Coalición muestra a las claras el recorrido del PSOE de Suresnes al socialiberalismo presidido por la telegenia y el tactismo de un Sánchez tutelado por baronías aún más conservadoras.

No sé cómo puede sorprender a muchos el pacto de investidura del PSOE con C’s… Es otra muestra más de esa acreditada condición de “progresismo digerible para salvar los muebles del capitalismo”, solo que ahora adquiere una dimensión inquietante, en la medida que el capitalismo financiero globalizado está mostrando su faceta más voraz e insolidaria, beneficiando a las oligarquías a costa de una clase trabadora condenada al precariado.  Rivera y los suyos han cooptado al PSOE hacia su condición gatopardiana (apariencia de cambio para que todo siga igual), hacia esa “segunda transición” regida desde el “centro político” que se firmó por sus jóvenes líderes ante El abrazo de Genovés, símbolo icónico de ese periodo tan añorado. Entre tanto, con la activa participación de los medios de persuasión dominantes, se está intentando colar el relato de un pacto “reformista y progresista” al que se oponen los radicales podemitas -menos mal que Compromís y UP no han caído en la trampa- y los corruptos peperos. Así pues, lo que en el debate a cuatro era para Pdr Shcz la otra derecha ahora es el centro progresista y reformista, que es a lo que siempre quiso aspirar el PSOE. Una vez más, como hiciera en la primera Transición, ahora con ayuda de los naranjas, ese viejo partido ha acudido a salvar el régimen en un momento en que en Europa y América brotan nuevas izquierdas altersistémicas que, curiosamente, reivindican ese espacio socialdemócrata que el PSOE ha dejado huérfano a favor del socialiberalismo.


Otra vez más el PSOE se mueve cómodamente entre falsos relatos, abonado al timo de las apariencias: se presentan como moderados, centristas, de izquierdas y reformistas. O sea, la cuadratura del círculo. Todo con vistas a poner en el abismo a PP y Podemos y presentarse como los garantes de la España viable y dialogante. ¿Aceptarán sus bases, advocadas por Iglesias como fuerza de cambio, el último trágala del puño y la rosa? ¿Tan ingenuos son para tragarse esto elección tras elección? Para ello cuentan con todo el apoyo del establishment financiero y mediático. Más allá de las cortinas de humo semánticas -izquierda, progresismo, reformismo- se desvela una vez más el intento de los  de arriba por mantener noqueados y dominados a los de abajo: la Segunda Transición.


domingo, 7 de febrero de 2016

MARCOS MENTALES QUE ESTÁN CAMBIANDO EN ESPAÑA


Enlace Periódico de Aragón 6.2.2016


Vivimos en una sociedad dominada por un ecosistema mediático ruidoso, acuciado por la inmediatez y la actualidad más rabiosa. Pero los cambios profundos siguen produciéndose por debajo del ruido y los escaparates mediáticos. En diciembre de 2012, con motivo del primer aniversario del gobierno de Rajoy, mi predecesor Jaime Miñana alertaba en estas mismas páginas que, por debajo del triunfalismo absolutista del PP, se estaban produciendo destacables desplazamientos telúricos en las placas axiológicas sobre las que se asienta la sociedad española. El artículo “Las bacterias del cambio” aludía a esa invisible actividad transformadora de esos microorganismos que guardan paralelismo con los lentos procesos que se dan en el mundo de las ideas y de los valores. Algo así acaeció desde la irrupción del 15-M en nuestro país. Reproduzco un párrafo del citado artículo que ahora se me antoja profético: “el régimen de la Transición, mayoritariamente respaldado durante décadas, ha empezado ya a cuartearse en el imaginario de los ciudadanos más concienciados. Y ese proceso es ya imparable por mucho que la clase senatorial se “bunkerice” para defender sus privilegios y los de sus interesados cómplices. Las demandas de una democracia real están avanzando más allá de las tiendas del 15M donde nacieron y su eclosión es cuestión de tiempo. La derecha parece gobernar para un país de los tiempos de Paco Martínez Soria”. Desde entonces esa alternativa imaginaria se ha concretado en 6,5 millones de votos que suma la izquierda altersistémica, casi tantos como el partido más votado; si a ello añadimos los sufragios del PSOE el teórico bloque progresista domina el arco parlamentario español.
¿Qué ha pasado en nuestro panorama sociológico para que se produzca este vuelco? Para entenderlo en profundidad no podemos quedarnos en los indicios inmediatos de las encuestas, esa miopía es lo que ha deparado a la derecha (incluyo a C’s) su debacle electoral. Si Arriola, máximo augur sociológico del PP, saludó a Podemos como un fenómeno friki… ¿Cómo iba a intuir el terremoto que lentamente se estaba produciendo bajo su triunfalismo de pies de barro? No se percataron de los cambios relevantes que se estaban operando en los marcos mentales de la opinión pública más consciente y avanzada, muchas veces a la contra de los terminales mediáticos dominantes. Esas mutaciones tienen dimensión global y fueron azuzadas por la megacrisis del 2008; tras los primeros compases de desconcierto (Sarkozy llegó a proclamar que había que regular el capitalismo), los mercados financieros tomaron el mando poniéndose la Reserva Federal y la troika a su servicio con los gobiernos occidentales detrás. Los tremendos recortes, el injusto rescate de los bancos y el aumento de las desigualdades no les saldrían gratis a los poderosos. La percepción del libre mercado como un teatro de operaciones positivo empezó a quebrarse en el imaginario de los ciudadanos; sus conceptos supuestamente optimistas –reparto de riqueza, iniciativa privada, emprendimiento…- cada vez se cuestionaban más a favor de una interpretación inquietante del capitalismo financiero actual: extractivo, egoísta y oligárquico que trasvasa fondos, con la connivencia de los estados, de las rentas del trabajo a las rentas del capital.
Este discurso crítico fue cobrando forma a través de brillantes teóricos como Owen Jones y múltiples colectivos –la inteligencia en red del siglo XXI- que fueron viralizándolo en Internet. Mientras el virus avanzaba a través de las redes sociales expansivas los gobiernos seguían aferrados al austeritarismo, especialmente sangrante en Europa meridional. Por eso el estallido se produjo aquí, en Italia y particularmente en España, donde el movimiento indignado cristalizó con éxito en la Puerta del Sol llegando a exportarse al corazón del imperio (Occupy Wall Street). Rajoy y los suyos no le dieron importancia (“que se presenten a las elecciones”), pero la quiebra ya se había producido y se demandaba democracia real (la actual no lo era). El divorcio entre los ciudadanos de marco mental avanzado y la casta política ya se había producido (“no nos representan”), la quiebra del régimen del 78 también (la corrupción desbordándose y la sublevación catalana vendrían a certificarlo). Pero la derecha gobernante seguía aferrada a un marco mental periclitado amparada en su absolutísima mayoría. Lejos de percatarse de la falla del régimen, llegaron a forzar toda su herrumbrosa maquinaria con unas contrarreformas que buscaban blindar sus miserias e imponer su trasnochadas ideas sobre España, la seguridad, el aborto, la enseñanza, la justicia. El absolutismo pepero era, en el fondo, el canto de cisne del sistema político nacido en 1978.

Las recientes elecciones generales han puesto de manifiesto esa lenta mutación de los marcos mentales. Las grandes ciudades y las zonas más dinámicas del país empiezan a apostar por partidos del cambio, Podemos especialmente, mientras el PP se mantiene en la franja poblacional más añeja y, junto con el PSOE, en las zonas rurales y menos desarrolladas. Alea jacta est!, el futuro está con los emergentes más osados. Muy especialmente porque el cuento del capitalismo bueno y dinamizador está en decadencia (eso explica el fracaso de C’s) y ganan enteros, al menos en España, los relatos de solidaridad, equidad, bien común, respeto a la singularidad de los pueblos, ecologismo, animalismo, transparencia, medias anticorrupción… Es verdad que más de siete millones de ciudadanos han refrendado el relato de un partido imputado por su corrupción sistémica, pero su cuento es endeble y ya cotiza a la baja. La derecha española siempre se queda atrás; miren al retrovisor de la Historia: se opusieron al divorcio, al aborto, a las autonomías, al matrimonio homosexual y a tantos avances que ahora incluso han integrado en su programa. Es cuestión de tiempo. Por eso, más allá de quién gobierne y con quién, estén atentos a estos movimientos del imaginario colectivo, a los valores ciudadanos en alza que, aunque lentamente, tienen un rumbo inexorable hacia horizontes más abiertos y pueden depararnos muchas más sorpresas.



martes, 8 de diciembre de 2015

LA CUESTIÓN RURAL



Ha llegado la hora de abordar la cuestión rural, que es también saldar una deuda con nuestros orígenes abandonados. Fuimos un país rural hasta que con el Plan de Estabilización (1959) el franquismo decidió desquitarse de la autarquía y desbocar el caballo desarrollista para beneficio de unos (los urbanitas Polos de Promoción y Desarrollo) y sacrificio de otros (los pueblos que cedieron con sus jóvenes su futuro). La industrialización galopante se hizo a costa de vaciar los recursos rurales, humanos sobre todo, llegándose a construir un imaginario peyorativo -el paleto, el pueblerino- que alcanza hasta hoy. El régimen del 78 no estuvo a la altura, continuando esas políticas y agrandando la brecha entre el campo y la ciudad.

Hoy el Mundo Rural agoniza, la despoblación y el envejecimiento son los síntomas más acuciantes, en su costado más vulnerable, la España Rural Interior, aunque esto es extensible en nuestro país a casi todo el medio rural. Las tierras donde se ubicaba la antigua Celtiberia tienen, de hecho, menos densidad demográfica que Laponia: 7 habitantes por km2. No es una situación inexorable, es reversible si actuamos con urgencia: el problema tiene origen sociopolítico y también política es la solución. Estamos todavía a punto de cambiar esa inercia, si bien necesitamos toda la voluntad política y todos los instrumentos para conseguirlo. Disponemos ya de un magnífico marco jurídico aprobado y no aplicado (la Ley 45/2007, de 13 de diciembre, para el Desarrollo Sostenible del Medio Rural, complementada con el Real Decreto 752/2010, de 4 de junio). Allí está el diagnóstico, allí se apela a atajar estos males desde las comarcas, un marco territorial mucho más próximo y natural que evita los neocentralismos provinciales y autonómicos; desde esa proximidad se pueden acometer con éxito las urgentes y necesarias medidas que la citada ley sugiere y que están siendo completadas desde muchos foros ciudadanos concienciados del medio rural.

El mundo rural ha cambiado mucho desde el arquetipo desarrollista de Paco Martínez Soria. El sector agropecuario sigue teniendo peso económico, pero sus habitantes desempeñan ocupaciones transversales en varios sectores; es un ámbito heterogéneo, holístico, rico y todavía con gente joven que apuesta por buscar aquí un sustento y una calidad de vida que el Estado se resiste a otorgarles (pagan los mismos impuestos pero no gozan del mismo nivel de servicios). Allí está la despensa y el pulmón del país, las reservas hídricas y el ocio vacacional de muchos urbanitas, pero los transportes pasan a velocidad del AVE y las líneas de Alta Tensión a la de la luz sin dejar un euro compensatorio, los ambulatorios escasean y las ambulancias llegan tarde, como los escolares que tienen que hacer kilometradas para cumplir con su derecho a la educación. Sobre el olvido de nuestras administraciones se superponen los desaguisados y amenazas del imperio neoliberal europeo y mundial. La Política Agraria Comunitaria ha propiciado, sobre todo en la España Rural Interior, un neocaciquismo de grandes propietarios que acaparan tierra en vacíos poblacionales, por no hablar de las amenazas de los voraces procesos de globalización que incrementaría un apocalíptico TTIP en este ámbito: transgénicos, fracking, explotación de las hidroeléctricas, bancos de tierras para las multinacionales, etc.

La solución pasa sobre el papel por una confluencia de acciones de gobierno con el empoderamiento de la ciudadanía rural. Esa acción conjunta y solidaria blindaría la soberanía del mundo rural frente a intereses espurios, nacionales e internacionales. Por eso es tan importante la batalla de la soberanía alimentaria, auténtica barricada frente a las apetencias de las transnacionales de la alimentación, por eso hay que apostar por la agricultura y ganadería ecológicas o los productos de proximidad, por eso hay que salvaguardar todos los ayuntamientos, por pequeños que sean, y fomentar los concejos libres. Sobre esa base democrática se edificará un nuevo mundo rural más libre y avanzado. Pero eso es la teoría, porque al día de hoy los partidos políticos del régimen ya han demostrado su ignorancia, desprecio u olvido (el PSOE aprobó la oportunísima ley del 2007 para luego meterla en un cajón), Ciudadanos, haciendo honor a su nombre, apenas se preocupa del medio rural y, cuando lo hace, es para destrozarlo aún más con propuestas como la supresión de los pequeños municipios. Todos ellos, con distintos matices, se sitúan en una lógica neoliberal que ha hundido al campo y a los pueblos y lo seguirá haciendo. IU no sobrevuela las buenas intenciones, solamente Podemos ha colocado la cuestión rural en el centro del tablero, reconociendo la situación agónica, rescatando la citada ley del 2007, asumiendo sus medidas corregidas y aumentadas. Todas estas iniciativas de rescate rural se plantean a través de activos círculos rurales -el 14N se reúnen en Molina de Aragón, posiblemente la comarca más despoblada de Europa, en unas jornadas que cerrarán Errejón y Echenique- y del Consejo Rural Estatal, compuesto por representantes autonómicos y miembros de los círculos sectoriales.

Ahora tenemos la ventaja de que los problemas están sobre el tapete; hay estudios e iniciativas ciudadanas que han elaborado muchas medidas concretas y cuantificadas para solventar la problemática rural, incluso se han hecho estimaciones presupuestarias de cuánto costaría aplicar las medidas de la citada ley del 2007 y el R.D. que la desarrolla; es bastante menos de lo que les hemos prestado a los bancos a fondo perdido. Es cuestión de apostar ahora por los ciudadanos de un mundo rural en los estertores. Si, como auguran las encuestas, las fuerzas del cambio altersistémico quedan relegadas, la negra nube del olvido volverá a cubrir nuestros campos y los buitres sin alma de la globalización afilarán los dientes… Entonces habrá que volver a las trincheras con el consuelo de que, al menos ahora, los diagnósticos y las soluciones ya están en el aire.



jueves, 24 de septiembre de 2015

ESPEJISMOS EN EL RUEDO IBÉRICO



El Ruedo Ibérico ya no nos devuelve la imagen deformada del esperpento, el Ruedo Ibérico es un megaespejismo o una sucesión de espejismos. Dicho fenómeno se produce en el desierto, por lo que habrá que colegir que habitamos un Sahara, al menos en el mundo de las ideas; y lo preocupante es que muchos no son conscientes del efecto espejismo. Ha empezado la campaña política más reñida y determinante de la democracia dando paso a una feria de espejismos a saldo. Tancredo Rajoy se presenta como la figura imprescindible para mantener la patria constitucional una, grande, libre y recuperada económicamente. Más allá de su Finisterre está el llanto y quebrar de dientes: la inestabilidad económica, política y territorial, los derrochadores socialistas, los bisoños naranjitos y los antisistema que nos sacarán del euro. Juzguen ustedes si esta visión mesiánica propulsada desde la calle Génova y repicada en la mayoría mediática es o no espejismo. A tenor de las encuestas, la mayoría o no lo cree o no lo quiere creer; que el miedo convierte esas fantasmagorías en realidad dentro de las urnas.

El PSOE se presenta como la izquierda posible y necesaria, como la alternativa a los recortes económicos y de derechos ciudadanos. Todo ello sin cambiar el marco de un régimen gripado, bueno con algunos retoques. ¿Espejismo? Cuando Pdr Schz se mira en el espejo el reflejo es también un apócope, de la socialdemocracia en ese caso. Como la mayoría de los socios europeos -a excepción de Corbyn ¿el breve?- está atrapado en la contradicción. Critican los efectos del capitalismo neoliberal aquí pero lo defienden en Bruselas (apoyan a Junker y al TTIP) y en la praxis económica (Ibex 35 los quiere). Son socialdemócratas en campaña y socialiberales en gobernanza. Más claros en este capítulo económico son los neoliberales de C’s, que se presentan con esa genuina marca respecto al oligárquico e incompetente “capitalismo de amiguetes” del PP contraponiendo una cara reformista, moderna y participativa. ¿Espejismo? En la práctica política estos “reformistas” apoyan en ayuntamientos y autonomías a esa rancia derecha, como apuntalan así mismo el régimen de la Transición, si bien con algún lavado de cara que lo adecente para el siglo XXI. En esa misma deriva, más jacobinos si cabe que los naranjitos, boga la nave casi hundida de UPyD.

Sí quieren cambiar el régimen, a través de un proceso constituyente, IU y Podemos. IU se manifiesta como la izquierda altersistémica, con un líder joven y preparado que apuesta por la “unidad popular” para derribar el orden neoliberal encarnado en el bipartidismo. ¿Espejismo? Espejito, espejito, que me quede como estoy, que no se vean mis vergüenzas del pasado, los viejos cuadros y su inercia de “vieja política”, la amenaza de la inanidad demoscópica, el fantasma del comunismo trasnochado… Podemos se propone asaltar los cielos de la verdadera democracia social, empoderar a los de abajo frente la casta (superando el tradicional eje derecha-izquierda), la recuperación de derechos políticos y sociales (rescate ciudadano), la extirpación del cáncer de la corrupción, la democracia directa participativa de la era digital... El espejo terrenal devuelve que este huracán nacido del 15-M puso patas arriba el diagnóstico amuermado de la vieja política contraponiendo un mapeo más ajustado a los desastres de la peristente crisis. Este certero análisis obligó a mover ficha a todos. Sobre todo al establishment que cargó contra los insurrectos en el circo mediático arrinconándolos hacia la periferia del populismo, radicalismo bolivariano y equiparando sus corruptelas veniales con las mortales de la Casta bipartita. Alarmado por el avance demoscópico del virus, el Ibex 35 activó un antídoto reformista de derechas liderado por un atractivo catalán muy español. Estas medidas frenaron “la epidemia”, aunque también el aterrizaje político que sacrificó el sueño asambleario por un equipo dirigente cohesionado y, sobre todo, el fiasco griego que evidenció los límites de la rebelión democrática ante el EuroReich. ¿Será posible conquistar el centro del tablero, la mayoría social o es un espejismo errejoniano?

España es un espejismo de otro más vasto llamado Europa, reflejo cada vez más esperpéntico del orden neoliberal pastoreado por Alemania. Antes nos quedaba Europa como ilusionante espejo de nuestros duelos y quebrantos, ahora su reflejo los incrementa. Más allá de los Pirineos hay un abismo de mercados, austeritarismo y fascismos emergentes, con algunas luces amagando tímidas rebeliones ciudadanas. Lo lidera un espejismo de “mamá acogerrefugiados” que oculta la káiser que antepone en su eurozona finanzas a democracia y derechos humanos. También tras los Pirineos la única realidad es que bancos, oligopolios y grandes empresas ganan y los demás pierden. Es real que somos el segundo país más desigual de Europa; es real que las eléctricas, los operadores telefónicos y las petroleras nos chupan la nómina. Es real que un partido llamado popular –¡luego hablan de populismos!- gobierna para esos vampiros potentados. Es verdad que somos más pobres, menos democráticos (gracias a las contrarreformas “reformistas”) y menos soberanos (a Merkel gracias). Antes de los turrones podemos elegir entre cambiar el reflejo de una realidad deforme o seguir los espejismos hasta el Abismo.



viernes, 3 de julio de 2015

ESTAMOS EN GUERRA (VIRTUAL)


En su último largometraje Scorsese resume muy bien el espíritu del capitalismo financiero contemporáneo. A diferencia de los habituales gángsteres del director italoamericano, el megabroker protagonista de El lobo de Wall Street (2013) no derrama ni una gota de sangre, pero le jode la vida a miles de personas. Así de cruel es el sistema que nos gobierna económica y, no nos engañemos, políticamente. La interminable tragedia griega está poniendo de manifiesto hasta qué punto estos amos del mundo se saltan la democracia cuando el pueblo, harto y esquilmado, se pronuncia en contra de sus intereses. Como el depredador bursátil interpretado por Di Caprio, la troika, siempre con la complicidad del imperio americano, ejerce una violencia sistémica que afecta sobre todo a los más débiles; las élites depredadoras son responsables del desmontaje del estado de bienestar, del empobrecimiento de la clase media y de la precarización galopante. Grecia es la primera batalla europea, pero este IV Reich fundamentado en el euro y el orden neoliberal necesita nuevos sacrificios para alimentar la insaciable codicia de los bancos y fondos de inversión que lo sustentan. Ellos y sus terminales mediáticas se empeñan en asegurarnos que no hay otra salida, que más allá de su statu quo está el caos y los dragones. El miedo suele traerles réditos, por eso están haciendo un espectáculo de la prollongada y programada ejecución sumaria del país heleno. Creemos que vivimos en el mejor de los mundos en esta pax americana globalizada y posmoderna, pero en verdad estamos regidos por una tremenda violencia: algo hemos ganado, hemos pasado de lo real a la era virtual, de la sangre a bobotones a la pixelada. Por desgracia este ultraviolento videojuego de comienzos del XXI se parece bastante a los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial, cuando la avaricia de los imperialismos revestida de hipertrofiada ideología llevó al mundo a la catástrofe. Entonces perdieron los derechos humanos, la democracia y Europa, los mismos actores que ahora están siendo sacrificados, sin hemoglobina, en el altar de la ortodoxia económica, por mucho que se presente desde la virtualidad televisiva.

En España la violencia larvada también se ha desatado desde que el 13 de junio se escenificara en las grandes ciudades –las que marcan el norte sociológico- la posibilidad de que la indignada ciudadanía haga valer su poder democrático a través de plataformas sociales y partidos de izquierda altersistémica. Su primera víctima no esperó ni 48 horas: Guillermo Zapata, el concejal del Ayuntamiento de Madrid más efímero que se recuerde. Este temprano descabezamiento, al que siguieron las exigencias de otros desde la crecida caverna, supone el primer disparo certero de una ofensiva artillera desde las profusas y potentes baterías mediáticas de la derecha. Ha estallado la guerra -virtual, no se asusten- entre las dos Españas, la que defiende a toda costa los privilegios del establishment (muchos por ignorancia o estulticia) y la que quiere dejar de ser vasalla de políticas neoliberales, capitalismo de amiguetes, mamandurrias, corrupción insitucionalizada y toda esa madeja de escoria en la que se ha enmarañado el Régimen del 78. Como pasó en 1936 este es un prólogo de esa otra guerra a escala europea y mundial que venimos comentando. Las guerras se desarrollan ahora en el terreno virtual/mediático, aunque la violencia y la vesania parezcan muy reales. La hidra de tres cabezas (el conglomerado financiero-político-mediático) que domina la geografía ibérica, en connivencia con la Troika, ha olido a Apocalipsis y vomita fuego descalificador por sus fauces. El paralelismo con el intento de cambio que se emprendió con la II República es innegable, si bien ahora, insisto, jugamos en el ciberespacio, con víctimas que son sacrificadas en el orden simbólico. Bienvenidos a esta nueva entrega entre Juego de tronos -dragones incluidos-  Walking deads y el maquiavelismo de House of cards. Más allá de la inoportunidad de unos viejos tuits sacados de contexto o de un plante ante “el sentido común económico”, la cobrada cabeza de Zapata y la tambaleante de Tsipras pretenden marcar el territorio por parte de los verdaderos mandarines; es un aviso a los gobiernos recién llegados para que no traspasen las líneas rojas de sus sagrados intereses si no quieren ser arrasados por el fuego del fin del mundo.


Juegan con todas sus cartas marcadas, mienten con aplomado cinismo. Sacan a relucir la ética o el espantajo de la estabilidad económica… Tanto da; lo importante es mantener el injusto sistema que les ampara, defender los intereses económicos de sus patrones. ¿Qué autoridad moral tienen los que no han condenado el holocausto del franquismo, los que sistemáticamente se ríen de esas víctimas y del dolor de sus descendientes en tuits, tertulias y blogs?, ¿qué imperativo ético pueden exhibir quienes proclaman en sede parlamentaria “que se jodan los parados”, quienes hacen gala de sus actitudes machistas, xenófobas y homófobas?, ¿qué referente puede ser un presidente que sigue ahí tras conocerse sus SMS de apoyo a un delincuente financiero? ¿Qué autoridad tiene un Junker que propició un paraíso fiscal cuando presidía su país o esta Alemania del austericidio a la que se le perdonó su deuda para llegar hasta su actual cima? Asistimos a una opereta centroeuropea donde los valores –la democracia, la dignidad, los derechos humanos- ya no pintan nada, solo los intereses de los eurocomerciantes que la protagonizan. Alemania vuelve a liderar esta ofensiva contra la democracia, contra la Europa de Jean Monnet, ahora sin panzerdivisionen, porque los métodos han cambiado en un mundo políticamente correcto. Le siguen los países ricos del norte y centro del Viejo Continente, que han asimilado –gobiernen conservadores o socialdemócratas- la doctrina neoliberal frente a la Europa política y social. La única salida digna es la rebelión, que solo puede concretarse en el humillado Sur y, tras la batalla de Grecia, España podría ser la tumba de este nuevo “fascismo de ropaje neoliberal”.



viernes, 22 de mayo de 2015

LA SANTÍSIMA TRINIDAD ARAGONESA


Este artículo no pudo ser publicado en El Periódico de Aragón, a cuya sección de opinión fue enviado poco antes de las elecciones Municipales y Autonómicas del 24 de mayo de 2015. 
¿Es un dardo al corazón del sistema que impera en Aragón y es extrapolable a otros sitios? Parece que dio en la diana...




Tres eran tres las hijas de Eva, trío los mosqueteros, la triada capitolina y la Santísima Trinidad. También existe en Aragón un misterio trino muy consolidado que, además, conforma una unidad consustancial. Es quien aquí ostenta el poder en su trinitaria advocación: Ibercaja, el grupo Heraldo y el Gobierno de Aragón. Nos encontramos ante un Padre -quien maneja los fondos-, un hijo fiel (los sucesivos gobiernos) y un Espíritu que difunde el mensaje; no es algo exclusivo del Viejo Reino, sino más bien recurrente en las dinámicas provincianas ibéricas que replican esa triple convergencia del poder financiero, mediático y ejecutivo. Es una de las señas de identidad del Régimen del 78 o, mejor dicho, de su perversión a todas las escalas. Ante nuestra excelsa Trinidad cuatribarrada acuden grupos de intereses que aspiran a alimentarse de ubre tan feraz; preferentemente los dos partidos sustentantes del régimen y esa Cosa Nostra con cachirulo, bisagra necesaria para nutrir sus voraces clientelas rurales (“Todo por Aragón”). Finalmente, agazapada, como ensayó en las turbias cañerías del franquismo, opera esa “Obra de Dios” que fertiliza nuestra principal caja, nuestra plataforma mediática y, a veces como ahora, nuestro ejecutivo. Este “contubernio catolicomasónico” ha enraizado más allá de las siglas que aúpen al gobierno de turno, aspirando a ser algo tan consustancial a Aragón como la Pilarica o el Real Zaragoza.


Es nuestra Santísima Trinidad como el padrino de Coppola, quien le rinde pleitesía recibe favores, quien osa contradecirle se atendrá a las consecuencias... No es para menos; la mayoría del telar productivo y financiero de la región está en sus manos, como el deporte, la información y la cultura... De esas tres patas del trípode aragonés, la más vulnerable es la que parece que eligen los ciudadanos, por estar sujeta a las veleidades de la democracia, aunque las otras dos han venido velando porque los ejecutivos resultantes discurran por el recto camino; y así ha sido casi siempre, pues cuando algún Presidente aragonés se ha atrevido a contradecir esos designios -caso de D. José Marco, que aspiraba a su propia mafia- el osado infractor ha sido destronado. Todo por Aragón. Hasta ahora, en el bipartidismo imperfecto completado por el PAR (otra Trinidad), todo ha sido así... ¿Cambiarán las cosas con el anunciado fin del bipartidismo? Es obvio que Ciudadanos no ha venido a mudar la correlación de fuerzas dominantes, sino a suplir caras gastadas del régimen. ¿Y Podemos? En su extenso programa no hay alusiones, ni siquiera implícitas, a esta Trinidad, lo cual no es extraño, por aquella premonición del poeta Percy B. Shelley (“no despertéis a la serpiente”), aunque aquí más bien estamos ante un dragón tricéfalo. En la posición que Echenique y los suyos mantengan ante el chantaje trinitario se demostrará la verdadera medida del cambio que predican; sus planes de “rescate ciudadano” y su intención de “gobernar para la gente” se quedarán en papel mojado si, cual heroico San Jorge, no logran neutralizar las dos cabezas principales del dragón. De momento esas dos testas miran con recelo a estos intrusos, aunque está bien acreditada su habilidad para travestirse o mudar su piel para salvaguardar sus intereses y la “obra de Dios”.



En la agitada campaña electoral que nos envuelve no se habla de este asunto; nada extraño, porque casi nadie aborda las problemáticas que realmente afectan a municipios o autonomías, pensando como están todos en los verdaderos intereses: mantener la poltrona o conseguir una. El verdadero cambio pasa por maniatar al Dragón Trinitario en calidad de cancerbero de un sistema de oligopolio clientelar que estrangula sistemáticamente las iniciativas privadas fuera de su alcance; el capitalismo ibérico nunca ha sido liberal, el aragonés menos: solo hace falta enhebrar aquí las conexiones del tejido productivo y financiero... Una verdadera apuesta por la libre competencia en todos los ámbitos, el auténtico emprendimiento, el relanzamiento de la investigación, la educación y la cultura arriesgada pasa por romper la maraña de intereses clientelares de esta red trinitaria. Pero para domeñar al monstruo tricéfalo es necesario empezar por la única cabeza en la que podemos influir los ciudadanos: la del ejecutivo. La triada partitaria gobernante en Aragón desde la Transición se ha ido poniendo al servicio de las otras dos testas mandantes, y no es previsible que haga lo contrario ahora. La posibilidad de un cambio vendría de la izquierda transformadora (Podemos, IU, CHA), pero es una incógnita hasta qué punto su fuerza parlamentaria va a ser suficiente para iniciar esa transformación. Es más, habida cuenta del enigmático silencio sobre este tema, cabría preguntarse: ¿realmente quieren cambiar ese statu quo? Es muy cómodo estar bajo ese triple manto protector y pedir al padrino favores que te concederá “si te portas bien”, pero una sociedad europea del siglo XXI reclama estructuras que vayan más allá de lo que Joaquín Costa, tan aclamado por la retórica trinitaria, definiera con claridad: oligarquía y caciquismo. Ese modus operandi de la decimonónica Restauración impera en su réplica borbónica de la Transición, mucho más en su versión aragonesa. Poco tiene que ver con lo que propugnara el principal pensador de la Iglesia, Santo Tomás de Aquino, que puso el “bien común” como principal objetivo de la acción política. Nuestra Trinidad privilegia el bien de unos pocos comunes que más bien pintan de lores. Y eso más que obra de Dios parece del diablo que, según el Papa Francisco, es el Capitalismo sin alma.